EL SALVADOR

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Plaza Vázquez de Molina

domingo, 2 de julio de 2017

PRIMER PREMIO DE RELATO EN MUNERA

A la sombra del Molino de la Bella Quiteria, en Munera, como manda la tradición, en la tarde de ayer, día 1 de julio, primer sábado de julio, fueron entregados los premios que anualmente convoca, desde hace cuarenta y dos, la propiedad del Molino, viuda, doña Amparo Gaviria, y familiares de don Enrique García Solana.
Tuve el privilegio de que mi "DÍA DE MARRAS" fuese distinguido con el primer premio de relato y de saludar a un nutrido grupo del selecto plantel de poetas y escritores manchegos que allí se personaron: Natividad Cepeda, Isabel del Rey, Francisco Jiménez, Juan Lorenzo Collado, Alfonso Gómez...  Después merendamos opíparamente las típicas gachas, los torreznos, el queso y los rolletes, todo regado por cuerva bien fresquita.






Los primeros oradores en intervenir fueron los ganadores de la modalidad de prosa.  El tercer premio fue para Sergio Generelo Tresaco, de Logroño  (La Rioja) con su trabajo “Yo te pregunto ¿quién es Laura?”. El segundo premio fue otorgado a     Alfredo Jesús Sánchez Rodríguez  de Castellar de Santiago (Ciudad Real) por su trabajo titulado “En Sevilla vendiendo torraos”. El primer premio de la modalidad fue para Esteban Torres Sagra de Aldeahermosa de Montizón en Jaén que leyó “Día de marras”.
    
El siguiente turno fue para los trabajos presentados en la modalidad verso. El tercer premio  fue a parar a las manos de Fructuoso Atencia Requena de Munera (Albacete) por su trabajo titulado “Sinfonía de Amor a cuatro voces”.  El segundo premio fue otorgado a  Manuel Fernández de la Cueva Villalba, de Corral de Almaguer (Toledo), por su trabajo titulado “Adolescencia solitaria”.  El primer premio fue el presentado por Julia Flores Arenas, de Villarrobledo (Albacete) y que recibió numerosos aplausos con la lectura de su trabajo “Más allá de la memoria”. 


DÍA DE MARRAS


Hay bodas a las que uno no debería ser invitado bajo ningún pretexto. Es lo primero que pensé cuando recibí el sobre y vi en el remite “Srta. Aitana Líndez”. Me puse las gafas  y leí los detalles: El día tal del mes cual a las 19 horas en la iglesia de San no sé quién…
Aitana siempre ha llamado la atención de los hombres por una cosa y de las mujeres por lo contrario. Y sí, no lo voy a negar, tuvimos una relación muy apasionada, una relación que ya creo haber superado completamente. A mi parecer, éramos la pareja perfecta, pero ella, sin dar ninguna explicación convincente, decidió dejarme el pasado junio, justo después de que le pidiese matrimonio lo más románticamente que supe. Entendí que quizás no fui oportuno o que volqué muy deprisa la balanza de sus dudas hacia el lado de las decisiones. Arrodillarme en el restaurante chino y ofrecerle una anilla de una lata de cerveza como anillo se volvió en mi contra. Y acabamos como acaban estas cosas, lo que pasa es que el tiempo lija las arrugas del odio repentino y parecen gustarle los finales felices. Decidí no acudir a la llamada nupcial. ¿Qué pintaba yo en aquella boda?
Recuerdo con especial énfasis su risa contagiosa y su afición, casi enfermiza, a las sorpresas, cuanto más disparatadas mejor. Pero, por supuesto, no es mi mejor recuerdo de ella; lo que más echo de menos es el flan de sus labios dulces y el mousse de limón que cobija en su escote.
Aquí estoy, en el día de marras, el mes tal a la hora cual en la iglesia de no sé quién… trajeado en la tercera fila de la derecha según se mira. Esperando que suene la marcha de Mendelssohn. Aguardando que la novia haga acto de presencia y todo se perpetre según las convenciones. Al final he venido…
El pobre Ricardo suda hasta por sitios en los que no tiene poros. Sé que no me traga. Lo sé. Pero también reconozco que los hombres nos venimos arriba en ocasiones difíciles y desde que me lo presentó Aitana como a un “amigo muy especial”, hace seis semanas, con una sonrisa que podría interpretarse en siete idiomas, ha sobreactuado conmigo y, en verdad, no tengo queja del muchacho. Es como si quisiera demostrar con su amabilidad exquisita y su simpatía encantadora que no le importa lo más mínimo el pasado de su futura, aunque tampoco ofrece la impresión de que se compadezca de mí, que soy ese pasado, sabiendo cómo terminamos, pues parece a todas luces que rompió lo nuestro para enzarzarse con él y eso, se mire como se mire, es un agravio comparativo siempre. A mí no me entra en la cabeza que tan sólo a los nueve días de dejarlo ella me anunciara esta nueva relación como lo más natural del mundo. Por eso supuse que estaban liados ya de antes, lo que más me dolió. Aunque ahora que recapacito mientras comienza la “nupcial”, acabo de comprender todo el intríngulis.
Se oyen las primeras notas del órgano y se exclama un ¡ohhh! unánime y sobrenatural por el eco de las bóvedas, cuando Aitana hace acto de presencia y va marcando los pasos hacia el ara. No puedo contener un par de lágrimas que ruedan mejilla abajo sin oposición alguna. Al pasar a mi altura me ha sonreído sin complejos y me ha guiñado un ojo, algo que he interpretado como previsible después de mi análisis tras el último punto y seguido del párrafo anterior. Yo he permanecido como si fuera de mármol, como si pasara por allí buscando un estanco o se tratase de la boda de alguna prima segunda a la que no veía desde niño.
El sacerdote ha ido avanzando en la liturgia hasta llegar al ritual que nos congrega. Lentamente, y con la solemnidad que requieren las ocasiones especiales, ha preguntado:
- Aitana, ¿quieres recibir a Ricardo como esposo, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?... - Entonces ha ocurrido lo inesperado. Lo más inesperado por todo el mundo, menos por mí. Ella ha pronunciado, con la misma solemnidad en su respuesta:
- ¡No, padre, mi corazón y mi cuerpo pertenecen a otro hombre!- Y ante la perplejidad del párroco, y la de todos los presentes, se ha girado hacia la asistencia y me ha señalado a mí con su dedo índice, y luego lo ha flexionado lentamente, repetidas veces, como si estuviese haciéndole cosquillas al aire, citándome a su lado. Tal y como yo lo había visualizado hace unos minutos. Instintivamente he mirado al novio y, tras comprobar su resplandeciente cara de felicidad, he comprendido que estaba al tanto de la situación y que ha sido parte imprescindible en la gestación de la sorpresa con la que Aitana ha querido culminar el día más importante de su vida y de la mía. Ya advertí que era adicta a las sorpresas en los primeros renglones de esta historia.
Justo entonces ha entrado –siempre llega tarde a todos los eventos- Leticia, a quien le guardaba sitio a mi derecha, conociendo la costumbre de su demora, y de quien me había olvidado completamente, absorto en el tempo de la ceremonia. Me ha besado con vehemencia en los labios, ajena al episodio que estaba sucediendo y al lugar sagrado, y luego me ha interrogado con los ojos. No he tenido más remedio que intervenir para pronunciar unas palabras, las palabras más difíciles de toda mi vida:
- Aitana, ésta es Leticia. No te había dicho que me iba a acompañar para que fuese una sorpresa, que sé que te chiflan, pero en realidad no es mi novia. Es una actriz que he contratado para que hiciese el papel de mi novia –valga la redundancia- y que creyeras que puedo vivir sin ti y que había encontrado el amor de nuevo…-
Justo en ese momento del discurso se ha levantado, de la fila de atrás, Mario, mi mejor amigo. Se ha dirigido al altar –yo diría que flotando a dos centímetros del suelo- y se ha fundido en un beso -el más tórrido que he contemplado nunca- con Aitana. Al parecer la sorpresa no era para la fila tres según se mira desde la derecha, sino para la cuarta y yo me había equivocado –aunque sólo en parte- al prever el final de la historia.
Leti me ha mirado llorando y sin acertar a decir nada.                        FIN

miércoles, 21 de junio de 2017

PRIMER PREMIO DE POESÍA EN TARIFA


ESTEBAN TORRES SAGRA Y JUAN EMILIO RÍOS VERA SE HACEN CON EL XXIV PREMIO de “Poesía LUZ“  

El certamen anual tarifeño ha conseguido la mayor participación de su ya larga historia con un total de 163 poemas presentados 

El jurado de la vigésimo cuarta edición del Premio de Poesía Luz convocado por la delegación de Cultura del Ayuntamiento de Tarifa dio a conocer su decisión después de un proceso largo de lectura atenta y selección. 

El campogibraltareño, investigador y escritor, Juan Emilio Ríos Vera, ha conseguido el segundo premio del certamen lírico, mientras que el escritor jienense Esteban Torres Sagra se ha hecho con el primer puesto de la convocatoria anual. “Mis hijos bastardos” es el nombre de la composición de Ríos Vera, así como “Al lado de la mugre” es el título del poema ganador.  
En esta edición, además, se ha conseguido superar la participación. La organización habla de récord para este premio que ha permanecido incansable a los azotes que la creación lírica ha ido recibiendo a lo largo de la historia literaria de nuestro país. Superviviente, el Poesía Luz de Tarifa se ha convertido en todo un referente y así se demuestra con los 163 poemas reunidos este año. La calidad literaria de los mismos es una cualidad destacada por el jurado, compuesto, en esta edición, por expertos como Francisco Molina, Mariluz Terán y Pepa Ruiz. Los tres componentes, seleccionados previamente por Cultura en base a sus currículos, han dedicado varios encuentros y muchas horas hasta llegar a la deliberación final. 
Curiosamente los autores premiados cuentan con una trayectoria de reconocimiento literario. En el caso del algecireño, Juan Emilio Ríos, éste ya obtuvo el Poesía Luz en el año 99 y cuenta con otros premios de proyección como el de Iniciativas Culturales de la UCA, en el año 2000. Además, en el año 2013 ha sido reconocido con el Escudo de Oro de la Unión nacional de Escritores de España. Ríos Vera es además presidente del Ateneo José Román y presidente de la sección VI del Instituto de Estudios Campogibraltareño. Es licenciado en Filología Hispánica y es una “pluma” prolífica con un reconocido prestigio. 
El caso del ganador, Esteban Torres Sagra, es muy similar porque cuenta con más de una treintena de premios en certámenes con un rango abierto entre la narrativa del relato corto y la lírica. Además cuenta con publicaciones literarias, siendo su último libro el del año 2014. Es funcionario de carrera y ejerce sus funciones en el Servicio Público de Empleo Estatal de Úbeda. 
Ahora se espera a conocer la fecha exacta en la que se entregarán los galardones, algo que anunciará la concejalía de Cultura próximamente.


AL LADO DE LA MUGRE.

Debajo de mi cama hay aspavientos al lado de la mugre,
una biblioteca elemental para virus y bacterias
clasificada por enfermedades en pañuelos usados,
preservativos viejos llenos de canicas,
aretes perdidos cuyas dueñas legítimas nunca los reclaman
para no delatarse ante sus novios,
ratones con apellidos ilustres que premian a los niños desdentados
y un reformatorio moldeado en plastilina
para las pelusas grises abandonadas a su suerte.

Sobre mi cama el mar sacrifica sus espumas,
guadañas de cartón amenazan a la chica del poster
y un búho de porcelana marca los límites de cada atrevimiento,
como si fuese posible su control o su renuncia,
como si alguien fuera a arrepentirse demasiado pronto de sus actos
o en este ámbito tuviese jurisdicción la penitencia.

Bajo mi cama los insectos se organizan en siglas sindicales,
beben polenta los monstruos que salen de la fantasía en los minutos basura
y evoluciona a bella durmiente, aunque fue cortesana en otra vida,
una amiga que tuve, que fue reina de corazones en una baraja francesa
-bueno ella no, sólo su fotografía-.

Sobre mi cama una escuadrilla de alcotanes
esperan pacientes en los acantilados de los escotes,
se asoman varias veces y me transmiten su vértigo;               
comics aburridos sirven de limpiafondos a mi somnoliencia
y una nana disidente es la canción del verano en los cuarenta principales.

Bajo mi cama roncan los normandos invisibles en pagodas de laca,
hay castings semanales para convertirse en patuco
entre objetos de las más diversas índoles,
intestinos revueltos con  poemas - que en el fondo son lo mismo -,
y un orinal les sirve de escenario a los ácaros morenos
que quieren trabajar como vigilantes de la playa.

Sobre mi cama el musgo redondea las esquinas con sus caricias sordas,
crecen margas oscuras con forma de marsupiales
donde se esconden los mitos y las fichas de parchís que se perdieron,  
y un velero hecho con pijamas viejos
surca los océanos de mi duermevela
con su lona aerodinámica y su ancla de botones.

Bajo mi cama aspersores confitan el alma de los duendes,
trafican con uñas muertas los contrabandistas microscópicos
y proyectan las mariposas, que arden peligrosamente,
sombras chinescas sobre una pantalla de camisetas procaces.

Sobre mi cama el mundo orbita como un títere,
restos orgánicos martirizan los muslos de las hadas desnudas
y un helor de mala sangre recorre las pupilas de las yeguas sigilosas

que vienen a beber en mi silencio.  

lunes, 29 de mayo de 2017

RECOGIDA PRIMER PREMIO DE POESÍA PROVINCIAL EN LINARES

EL PASADO SÁBADO 27 DE MAYO RECOGÍ EL PRIMER PREMIO PROVINCIAL "PAQUI ROJAS" DE POESÍA CONVOCADO POR LA ASOCIACIÓN MANANTIAL, POR MI POEMA "DESDE EL OTRO LADO DEL ESPEJO". TUVE LA OPORTUNIDAD DE CONOCER A JOSÉ QUESADA, MIGUEL ÁNGEL CARCELÉN Y JUAN FRANCISCO RODRÍGUEZ.
EL POEMA PUEDE LEERSE EN LA PÁGINA DE http://asociacionmanantial.es/Blog/premio-provincial-de-poesia-paqui-rojas-al-otro-lado-del-espejo-obra-de-esteban-torres-sagra/

miércoles, 24 de mayo de 2017

PRIMER PREMIO DE RELATO EN ALBACETE

Ayer recibí el primer premio de relato de la fundación FAMA, de Albacete, por mi obra MI NIÑO CHICO. Esta es la foto de familia en la que aparecemos los premiados el jurado y representantes del Ayuntamiento de Albacete, Global Caja y el periódico La Tribuna de Albacete, patrocinadores del evento. El relato será publicado por dicho periódico y después lo colgaré en este blog. Enhorabuena al resto de premiados y mucho ánimo para la organización para que convoque la siguiente edición.
 
                                       MI NIÑO CHICO                 
Mi niño chico es de almoraduj, de harina blanca, de tomillo. Todavía no corre, todavía no vuela hacia la luz rosácea del amanecer como lo hacía su hermano -mucho antes de tener su edad- porque va despacio, muy despacio mi niño chico. Su lentitud es una vasija gigante que voy llenando con mi paciencia de colonia. Una hucha donde deposito las monedas de mi disciplina. Sus muslos están modelados en hojaldre. Sus brazos parecen entelequias esculpidas en bechamel. Sus sonrisas, sin embargo, compendian el universo entero y se ofrecen como escaparate de la felicidad sin contraprestaciones, sin exigir algo, sin alharacas, con la sencillez de un párvulo, porque mi hijo es el ser más agradecido del mundo aunque no sepa decir la palabra "gracias" todavía. Y es generoso como la lluvia: regala su amor al primer postor, lo dona, nunca lo escatima. Y eroga también los brillos de colorines que chisporrotean sin control desde sus ojos hinchados en cuanto deja de estar dormido.
Es mi locura. Mi obra, porque yo he fabricado por entero a ese hombrecito de papel cuché que va ganando batallas silenciosas al conformismo poco a poco. Porque yo he sido su bastión y su brújula desde el primer instante y cada logro nimio que consigue significa un galardón para mi ánimo, un diploma contra la parálisis.
Dice mi nombre sin parar y se recrea pronunciando, dificultosamente, cada sílaba: Ma-má, ma-má, ma-má… y puede pasarse horas enteras paladeando la palabra mágica como un grillo en el sofá. Me voy a la cocina y sigo oyendo la retahíla: Ma-má, ma-má... Acudo al dormitorio y el eco de su voz se acuna entre las sábanas y se aovilla en si seno. Y vuelvo a su habitación como quien regresa de un viaje al fin del mundo y cuando por fin me ve, o me huele cercana, sigue diciendo lo mismo pero con otro tono, con vagonetas de ternura, ya sin desasosiego, con caricias que se propagan como ondas de radio, o besos de miel, o tactos de seda.
Yo, en cambio, he aprendido de él el sabor de la inocencia. Me hace mejor persona, me borra los prejuicios y separa mejor que nadie en mis prioridades lo que importa de lo que no importa. Sé cuándo y qué necesita antes que le suceda a mi niño chico, antes que vierta el caudal del pujo sus vaivenes incontrolables. Conozco sus límites mejor que él mismo y también, por esa misma razón, pondero como nadie cada avance, cada logro, cada superación que se va consumando. Ya come solo y consigue beber líquido, aunque luego le da la risa al saberse suficiente y abre la boca sin tragar y se le sale el agua por los labios. Y yo derramo lágrimas que al final, en el abrazo, se mezclan con el agua y con los besos.
Mañana hace cinco años y aseguro, sin demagogia, sin cumplidos, sin frases hechas que se dicen por menguar el dolor, que han sido cinco años plenos, volcados en él, duros pero irrepetibles, dedicados por completo a la empresa del amor, porque en el amor está el secreto, en el cariño se esconde el arma de esta madre y el sentido común de todo, y la luz rosicler que me guía.
Si miro atrás casi no me creo lo que hemos conseguido. Avances en cualquier vicisitud. Matices en sus gestos. Cuando estoy a su lado se cree invulnerable, se cree a pie juntillas que no puede pasarle nada malo y ello me reviste de fortaleza y suple mi cansancio. Acaricio su pelo crespo, sus mejillas pálidas, sus dedos díscolos… y parece que toco los botones de la felicidad. Está a punto de conseguir andar y me brinda cada esfuerzo. Cada intento es un derroche titánico para sus músculos de leche y aún así no deja de mirarme y de disimular su frustración si no lo consigue, hasta que lo abrazo como a un polluelo y lo colmo de mimos, y lo deposito en el altar de su trona. Un poco más cada día, cada rato, cada momento. Avanza como un pequeño segundero y yo voy anotando -notaria de su desarrollo- para que nada se me olvide, para que todo quede registrado, este diario vital hecho por oleadas que releo muchas veces.
Todo gira en su torno como un sistema solar doméstico. Toda la casa le rinde pleitesía con entusiasmo y se adapta a su ritmo. Si duerme, por ejemplo, mi niño chico, el silencio es una cualidad que no hace falta imponer, que se instala sola entre las paredes, que se genera por sí misma. Y mi otro hijo, con sólo ocho años, se convierte en embajador de su hermano y predica con el ejemplo, y me brinda su madurez y su prematuro anhelo responsable como el mejor regalo posible. Es nuestro adalid y vive por agradarnos, por hacernos más fáciles las cosas. Es consciente de su realidad y ha asimilado mi penuria de tiempo hacia él como un héroe, y me comprende, y me abraza como a un guerrero, como a un ninja que ha vuelto del peligro. No tengo palabras para su altruismo, para los ratos que pasa jugando con su hermano, dejándole hacer, consintiendo sus caprichos, cediendo en cualquier conato con lo que cuesta ceder a los ocho años, con lo que cuesta jugar con alguien que no significa un reto, dejarse hacer a esa edad o consentir frivolidades que van en contra de la propia naturaleza infantil y, por ende, egoísta, cruel en su esencia.
Nuestra empresa se llama Edu y entre todos estamos sacando adelante su potencial dormido, escribiendo de nuevo el guion que por alguna razón extraña no se grabó bien en su cerebro cuando estaba dentro de mí.
Hoy tocaba hacer balance de sentimientos y por eso me he extendido más en ti, mi querido diario. Y podría seguir escribiendo otro rato sobre mis dos principitos, sobre mi sensación de paz infinita y mi extraña felicidad, esa que nadie entiende o que todo el mundo confunde con resignación, con amargura disimulada; pero ha empezado a cacarear mi nombre con especial intensidad, hace un momento, mi niño chico y no puedo consentir más tiempo su desazón…
He vuelto para escribir que, con la ayuda de mi marido y de su hermano, mientras yo esbozaba las líneas anteriores, ¡Edu ha dado sus primeros pasos!. Ha ido como un borrachito –de placer, de satisfacción, de alegría, de orgullo…- desde el sofá a los brazos de su padre.
Hoy, sin duda, ha sido un gran día para todos, una efemérides que recordar en la pequeña historia de mi niño chico.

viernes, 21 de abril de 2017

PRIMER PREMIO DE POESÍA EN GERENA

Finalmente, en Relato de Adultos fue premiada Carmen Salinas Arrojo por “Haz el esfuerzo”. Recibió 165 €. Obtuvo accésit Álvaro Cueli Caro,  por la obra “Fernanda”. En Poesía, el ganador fue  Esteban Torres Sagra por el trabajo titulado “Sonetario de Objetos”, galardonado con el mismo premio en metálico. Miriam Soledad Zhapa Sisalima consiguió un accésit  por la obra “Surcos”, y diploma de finalista el gerenense Antonio Barril Caballero por “Los Tres Jinetes”.

Mi poemario "SONETARIO DE OBJETOS" ha sido reconocido con el primer premio de poesía esta misma tarde en el Centro Cívico de Gerena (Sevilla) en la modalidad de adultos, con 122 poemas presentados.
Aunque se me ve poco, estoy el tercero por la derecha
SONETARIO DE OBJETOS 

A UNA TALADRADORA

Artefacto de besos peculiares
a base de palancas y tornillos:
el vampiro moderno de colmillos
acerados, secretos, regulares.
Terror de las doncellas capilares
que adentran sus perfiles en tus brillos
de una en una, o en dos, o en cuadernillos,
y se dejan dos trozos circulares.
Serpentinas digieren tus mantecas,
suministro de guasas proletarias,
papelillos vomitas o defecas.
Extraña variedad de rumiadora,
asidua de las mesas secretarias,
en genuina catarsis limpiadora.

A UN LAPICERO

Piel de cono, en láminas presuntas,
de otras tintas columna precursora,
liada, como medida protectora,
en materia que cede al sacapuntas.
En el frágil manuscrito sombra untas
sobre el papel albino, donde mora,
a veces por siempre y a veces una hora,
según la voluntad de quien las junta.
En su espina dorsal carbonatada
todos los átomos del pensamiento
conjeturan los trazos del esbozo.
La Humanidad le debe su avanzada:
no hay teoría, o idea, sin nacimiento
en las aguas oscuras de su pozo.

A UNA IMPRESORA

Guiña su ojo verde y escueta parpadea
si sufre por mi parte el abandono,
entiendo que se queje y le perdono
la provocación y el gesto que plantea.
Con artefactos ineptos se codea
encima de una mesa, sin encono;
el último trabajo que le endono
la colapsa, la atribula, la marea.
Su alma es tinta guardada en un cartucho,
su cuerpo una bandeja que devora
el papel en paquetes de quinientos.
Prodigio incomprendido cuando escucho
el ruido intestinal de la impresora
en un folio plasmar mis sentimientos.

A UNA GRAPADORA

Quien casa cuando casa lo que casa
a golpe inesperado de pulpejo,
no puede casi nunca hacerse viejo
porque luego le pasa lo que pasa.
En su ataque de víbora sarasa
ayunta para siempre en su trebejo
papel original, o su cotejo,
con los hijos bastardos del Espasa.
Y como aquello dura lo que dura
si no aparece pronto el sacagrapas,
eterna se les hace la juntura.
Aunque a veces su acero inoxidable
con el tiempo se oxida en las gualdrapas
y consigue evitar lo inevitable.

A UN TECLADO

Sin el carro de bueyes circulares
que sujetan papel sin el rodillo,
sin cinta, sin los golpes al nudillo
cuando fallan las huellas dactilares.
Con las letras en los mismos lugares
que aprendimos a base de martillo,
sin los espacios huecos entre el brillo
de las teclas, sin muelles auxiliares,
sin palancas, sin sangría francesa,
sin atranque por múltiples resortes.
Se trata de un teclado que no pesa.
De mi vieja olivetti sin la casta,
perdimos glamur y ganamos portes
cuando trocaron su hierro por tu pasta.

A UN ROTULADOR FOSFORITO

Al pasar con su lúbrico cepillo
sobre espíritus de textos renuentes,
acelera el estudio para mentes
que persiguen la estela de su brillo.
Como un as en la manga para un pillo,
báculo para legos o invidentes,
se desangran sus tintas fluorescentes
sobre arroyos pintados de amarillo.
Y, frutal, la frescura de su aliento
almibara cualquier conocimiento
dando lustre a las ideas fugitivas.
Mas no abusemos de sus comitivas
y malgastemos tiempo en el preludio
en vez de dedicarnos al estudio.

A UNAS TIJERAS

Zancuda de la mesa de escritorio
con ojos de lechuza sin pupila,
verdugo que separa y que mutila
el sobre que servía de envoltorio.
Advenediza pieza de otro emporio
gestada en el negocio de la esquila,
el primer instrumento que se afila
cuando pone una piedra el consistorio.
Entre papeles blancos bailarina
si recorta inocentes monigotes
para ingenuas espaldas de oficina,
peligrosa en la mente malandrina
si al gato le aligera los bigotes

o coge por rehén a una gallina.