IGLESIA DE SAN PABLO DE ÚBEDA

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Iglesia de San Pablo (ÚBEDA)

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sábado, 25 de abril de 2026

SEGUNDO PREMIO EN HARO


 Ya es el cuarto año que un texto mío sobre San Felices de Bilibio es distinguido con el segundo premio del certamen anual. 

Dejo el texto para quien quiera leerlo.


DONDE EL CAMINO SE PIERDE

                                                                                             

1

La pareja descansa un rato, apoyando sus espaldas sobre sendas cepas, tras una larga mañana recogiendo uvas. El majuelo está plagado de racimos. Ella bebe agua como si no hubiera bebido nunca y el líquido le chorrea por la cara y le empapa la blusa. Ríe por su ineptitud, pero la felicidad es la verdadera causa de su algazara. Está encinta y su marido aun no lo sabe. Presiente que se cuaja en sus entrañas un ser que dejará huella, un ser admirable que será recordado a través de los siglos, pero esto no es mérito ni señal divina, pues algo parecido deben advertir todas las madres cuando intuyen un ser formándose en sus adentros, cogiendo de sí el zumo de la vida.

Felices, su esposo, se contagia también del ánimo de Paula sin un motivo, y la imita, bebiendo y derramando adrede el agua por su pecho. Entonces ella se pone seria, se acerca y le dice la buena nueva al oído. El trabajo termina por hoy, decretan con una mirada sin saber qué hacer con los nervios. Hay que cuidar a la futura madre, que ya no volverá a la vendimia en lo que queda de temporada después de conocer su embarazo.

Al año siguiente nació Félix, en el 443 de los almanaques cristianos, a quienes todos conocerían por Felices, un niño de la Rioja Alta que emprendería pronto el camino de la santidad.

Era un hijo de los buenos, de los que ayudaba cuanto podía a sus padres, si bien su inclinación por la Iglesia desde muy pequeño le llevó a colaborar con Teodoro, el “parochus” de Bilibio, quien a la par de inculcarle sus principios cristianos más serenos y profundos, también se preocupó de facilitarle lecturas científicas y de humanidades para ensanchar sus miras al percatarse de sus dotes, nada corrientes.

Ya en plena adolescencia, tras ir convenciéndose paulatinamente a medida que maduraban sus convicciones, Felices considera que su verdadera vocación es servir a Dios de una forma más exclusiva y pide a su padre, lleno de júbilo, permiso para ordenarse como sacerdote.    

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Donde se encirota el camino por efecto de la altura y se embosca por culpa de los matojos; donde se hace difícil cada paso y solo las cabras frecuentan sus accesos por lo intrincado del relieve y la maleza, dicen que vive, entre los riscos, un eremita ejemplar cerca del castro construido por los hijos de Roma, en una cavidad abierta en el roquedo.

Contempla y practica la meditación sin descanso en su entrega silenciosa al Altísimo. Es frugal con la comida y entiende de plantas comestibles y medicinales. El ayuno, la penitencia y la disciplina se han convertido en su forma de entender el mundo y de servir a Dios, pues resuenan en su mente las palabras bíblicas del desapego a los bienes terrenales y las hace suyas sobre cualquier otro axioma.

Ama a los pájaros y a las demás criaturas de la serranía, por eso ni caza ni pesca y solo ingiere frutos del campo y cocimientos de hierbas. Predice el tiempo que va a hacer en los días venideros a fuerza de observancia y don divino, pero no se lo dice a nadie: si Dios confía en él, él no va a traicionar su confianza y, además, casi siempre está solo, sin nadie a quien contar sus averiguaciones.

Puede pasar horas enteras con los ojos cerrados en las inmediaciones de la cueva que le da cobijo, y solo el Creador sabe lo que pasea por su pensamiento: lo mismo un párrafo de Platón que una epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, de la que extrae, como de una fruta ocal, todo el jugo de su esencia.   

Parece feliz, según refieren quienes le han visto alguna vez, al trasluz, atravesar una vereda entre el monte; porque en Bilibio no se le ha vuelto a contemplar desde las exequias del anciano “parochus”, que tanto bien le había procurado desde su acercamiento a la iglesia con sus enseñanzas y ejemplaridad. Supo que su amigo fallecía por un extraño presentimiento y bajó de su refugio y de su soledad de inmediato para oficiar el adiós cristiano a don Teodoro.

Aunque no rehúye la compaña y es buen conversador, y sus conocimientos se vuelcan en palabras eruditas y precisas por tantas lecturas acumuladas desde la juventud. Prefiere la lejanía de las personas y volcarse en la introspección verdadera, sin interferencias materiales ni mundanas, a la plática banal.

Recuerda con pesar la muerte de sus padres a causa de la enfermedad transmitida por unos mosquitos, que también llevó a la presencia divina a una fracción importante de los residentes en el poblado, diezmando su número, cuando tenía veintidós años, y a diario reza por la salvación de sus almas. Y lo que más lamenta es que no pudieran asistir a su ordenación religiosa unos años después, cuando el epíscopo de Tarraco, Astanio, le tonsuró la coronilla en presencia de muchos paisanos y de los también venidos a raudales desde Tondón, Pharo y Atamauri, para ordenarlo sacerdote en la iglesia parroquial de su pueblo, algo tan infrecuente para los lugareños y tan hermoso, a los mismísimos pies del altar de Nuestra Señora de la Isla.

Madrugones para rendir pleitesía con sus rezos al Sumo Hacedor y días iguales a otros días; aunque, para él, distintos en su avanzar por el misticismo, en ese constante camino de perfección, apartado por propia voluntad de los manjares y las tentaciones, incluso con sacrificios dolorosos adrede para demostrar al cuerpo la supremacía del alma, ocupan su quehacer cotidiano.

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Felices acaba de cumplir el medio siglo y el tiempo no perdona. Va camino de la ancianidad con la mirada serena y el paso firme de los soldados de Dios que conocen el final de la batalla y lo asumen con agrado.

Su fama de bondadoso y hombre pío le insuflan aliento de santidad entre sus paisanos. Y algo ha debido llegar de este halo a los confines de otras parroquias, porque un día se ha presentado un tal Millán, un pastorcillo de Berceo, en su busca, con el propósito de compartir vivencias con él y recomendado por un ángel. Desea aprender la voluntad de Dios a través de Felices, abrazar el secreto del anacoreta de los Riscos y ponerse a discipular en aquellos parajes tan inhóspitos, pues solo en la renuncia de los placeres y en el vencimiento del pecado en todas sus vertientes, piensa Millán que se halla la auténtica espiritualidad y la sublimación. Y quien mejor para adoctrinarle que el hijo de Paula, a quien todos conocen como Felices de Bilibio, y a quien un ángel del Señor ya le había anunciado fechas atrás que, desde los Montes Distercios, recibiría dicha visita, con la encomienda divina de instruir en las grandezas espirituales al muchacho, quien estaba también llamado a convertirse en un ser de luz con el paso del tiempo.

Ante tal encargo y por su indudable predisposición a la bondad y a la obediencia, no puede negar el eremita -cuestión de fe y de integridad- acoger de buen talante al recién llegado y darle la bienvenida a su sencillez y a sus lecturas; porque, si el de Berceo está ávido de aprendizaje, el de Bilibio es un pozo sin fondo de conocimiento bíblico y de suficiencia histórica y científica, pues su acervo cultural, unido a su inteligencia preclara, han hecho del solitario monje un hombre culto y erudito en todos los campos de la sabiduría.

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Después de tres años compartiéndolo todo en estos altos, cerca del castro romano donde se conforma la cueva en la que han pasado muchas horas intercambiando opiniones, tanto Millán como Félix concluyen que es tiempo ya de poner fin a la convivencia, justo cuando de nuevo un ángel del Señor se aparece al de Berceo y le insta a comenzar su regreso al mundo, lejos de aquellos Riscos y dando por finalizada la misión pedagógica y humana del anacoreta.

Lo incorporado a su espíritu y la visión del maestro, las lecturas comentadas y las semblanzas oídas de labios del eremita, han convertido en otra persona al joven pastor de Suso, quien arribó a estos lares un trienio atrás, siendo casi un espíritu in albis. Y seguramente Dios le tendrá reservada una misión gloriosa y única, otra forma de servicio que apunta también a la virtud.

Tras el último abrazo, el mismo hatillo que trajo al venir es el equipaje único con que regresa a la civilización Millán. Un profundo conocimiento de la realidad humana y el hálito de Dios alumbrado a través de las enseñanzas de Felices, serán el caudal y el cimiento para su nueva etapa de entrega como pilar de la Iglesia.

Desde un altozano protege, con su mano izquierda, el de Bilibio, sus ojos para contemplar la marcha del discípulo, mientras con la derecha alzada despide a su compañero, al que ha cogido cariño paternal por la diferencia de años.

Al cabo, cuando ya está a punto de perderse en lontananza, se ha vuelto Millán y, con lágrimas en la cara que no alcanza a vislumbrar Felices a causa de las propias suyas, le ha dedicado su último adiós y ha dibujado un abrazo desde la distancia.

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Y así se consumó la vida de Felices hasta casi alcanzar el siglo, cuando una especie de aurora boreal cuajó de luminosidad los cielos en el momento de su muerte, presagiando a los vecinos del pueblo la tragedia con tan sobrenaturales indicios.

En este tiempo final de su vida, ya se le atribuyen numerosos milagros en forma de curaciones de los enfermos que le acercaban al castro, y después de fallecido, sobre todo a raíz del traslado de sus reliquias, aumentaron el olor a santidad, siendo abundantes y explícitos los testimonios al respecto.

Y, del mismo modo, Millán practicó lo aprendido con creces, también en pos de beatitud, por estas tierras de Dios donde, en otro orden de cosas más mundanas, nació, unos cuantos siglos después, el idioma que nos permite entendernos desde entonces y compartir historias como esta que acabo de escribir del santo, quien tiene un mirador con una estatua colosal en los Riscos al que nos gusta venir de vez en cuando para recordarle y pedirle algún favor de última hora.

                                                         FIN


miércoles, 22 de abril de 2026

PRIMER PREMIO DE MICRORRELATO EN EL SEPE

 


Mi microrrelato "CONVERSACIÓN GRABADA EN RATEL" ha sido galardonado con el primer premio del certamen de microrrelato que convoca el SEPE. Espero que os guste:


Conversación grabada en RATEL 


- ¿Qué desea? -

- Suspender el paro. Creo que he salido del país. -

- ¿Ha salido o no? -

- Es que no lo sé. Solo le diré que veo un paisaje azul, maravilloso e irreal. -

- ¡Qué envidia! Pero eso puede ser Santander o Acapulco. ¡Usted dirá!-

- He ganado un viaje a Marte.- 

- ¡No me diga! ¿Cuánto dura? -

- Un mes de travesía interestelar.-

- Si está sobre España, se entiende que no hay salida al extranjero, pero si abandona dicha perpendicular, debe comunicarlo y le suspenderemos la prestación. - 

- ¿Y cómo lo averiguo? La tripulación es rusa y no habla ni una pajolera palabra de castellano. - 

-¡Conecte el GPS!-

- Los móviles los dejamos en Chamartín. -

-  ¿Y desde dónde llama? -

- Desde una cabina del cohete. ¡He marcado el 060 y ya se ha tragado tres euros!-

- Vale. Seguramente lo pueda comprobar en Coloso. Dígame fecha y le suspendo el derecho. -

 - Salimos el 8 de febrero de 2025-

-  ¡Vaya!, cómo lo siento! Deben haber caído en un agujero negro o algo así. Lamento comunicarle que se extingue su derecho por el transcurso de doce meses y que tendrá que devolver el dinero.

jueves, 16 de abril de 2026

lunes, 23 de marzo de 2026

PRIMER PREMIO MICRORRELATO EN BULLAS


 Mi microrrelato "LAS PALABRAS MÁS HERMOSAS" ha obtenido el primer premio del certamen, modalidad mayores de 60 años, 

en el certamen de Bullas dedicado a homenajear a nuestras personas mayores.

Espero que os guste:

LAS PALABRAS MÁS HERMOSAS.        

 

Te tengo relativamente cerca. A un disparo de máuser. A una vida de distancia. A un beso tartamudo. A un eco que se oye entre aligustres. A un vuelo de cigüeña o de paloma. A un olvido. Al otro lado de una telaraña. A unos milímetros de la memoria.

Pero no sé quién eres.

Mi cara resiste tus embates como un árbol. Mi cuerpo es geotrópico. Mi alma nube. Me acaricias cuando vienes y me peinas los cabellos. Tu sonrisa se eleva hacia los meteoros

como rellena de helio y coquetea con los pájaros.

Todavía no sé quién eres porque ignoro tu nombre. A qué te dedicas. Con quién pasas los inviernos. Aunque tu rostro me resulta muy cercano y tus ojos guardan en el mismo porcentaje crepúsculos y amaneceres.

 

No recuerdo si parí, o no, algunos hijos, pero, si los tuve, me hubiera gustado que fueses uno de ellos.

sábado, 21 de febrero de 2026

SEGUNDO PREMIO CARTAS DE AMOR Y DESAMOR DE ALMUÑÉCAR

 




Mi carta "BAILAR PEGADOS NO ES BAILAR" 

ha resultado reconocida con el segundo premio del certamen. Espero que os guste.

BAILAR PEGADOS NO ES BAILAR.                       


 

Sincrónico, compatible y complementario contigo -que diría un algoritmo de esos que emparejan en las redes- así me vislumbro desde que fuimos concebidos casi a la vez; y tan cercano -o tan lejano, según se mire: la distancia tiene esa cualidad mirífica- como da de sí el diámetro de una circunferencia pequeña en cuyos extremos vivimos sin ninguna otra alternativa. 

Y, por lo menos yo, convencido al cien por cien de estar enamorado desde aquella primera vez en que bailamos; loco por tu aroma a roble antiguo desde que aspiré tu olor; embobado por tu inocencia hierática, por tu gracilidad, mitad innata y mitad adquirida en tantos lustros de repetir los pasos; entregado siempre a nuestro compromiso y a nuestra vocación artística. Tan cerca de ti, tan separado. 

Cuando tú entras al escenario por una puerta, yo salgo por la otra; y viceversa: cuando te refugias en el lado opaco y tenebroso, a mí me toca deleitar al público. Y así llevamos… ¡yo diría que desde el nacimiento de Cronos!, cuya dimensión contribuimos a medir con exactitud desde que el hombre se tomó tan en serio la urgencia de pautar el tiempo e inventó artilugios eficientes para relativizarlo. 

Lo que pasa es que siempre acabo leyendo de reojo el año de fábrica y el origen de nuestra biografía, y se desdice así mi sensación de eternidad al desvelar el misterio: “Made in Switzerland, 1876”, informa el rótulo esculpido en el dintel que cruzamos tres veces cada media hora, en cuarenta y ocho ocasiones al día. Y ello me permite calcular, si quiero, exactamente desde cuándo suspiro por tocarte, por asirte la cintura; en qué momento nació la atracción genuina en este pecho indolente; aunque sé que, salvo un milagro de las hadas, jamás podré acariciar las ondas rígidas y perfectas de tu peinado amarillo. 

El cucú anuncia los cuartos con precisión helvética, pero como solo actuamos cada treinta minutos, ocupamos mientras, en absoluto reposo, el límite del acceso a las respectivas penumbras con la pose elegante de lo único que sabemos hacer bien: alzar los brazos formando un arco y esperar nuestra siguiente puesta en escena. 

Y resistimos, intentando mirarnos de algún modo -porque hablar no podemos- pendientes de que cante el pájaro de nuevo para iniciar el recorrido, que siempre nos mantiene equidistantes -como no puede ser de otra forma, atornillados al riel que nos sujeta- siguiendo el ritmo de una música tradicional durante trece segundos seguidos y mágicos. 

Supongo que me correspondes en el sentimiento. Estoy casi seguro de tu reciprocidad: solo me conoces a mí. Lo intuyo cuando, en alguna vuelta, como buena autómata en miniatura, giras el rostro mecánicamente hasta que me encuentras al otro lado de ese diámetro que nos une y nos separa, con la mirada dulce que emanan tus ojos de esmalte, y pareces sonreír un poco más que de costumbre, o a mí me lo parece. 

Tan solo estuvimos peligrosamente juntos una vez -¿te acuerdas?- dentro del cajón de la gaveta del relojero que nos reparaba por mor de una avería del engranaje, pero con la mala fortuna de que un trapo azul de antelina impidió el contacto, seguramente envueltos adrede por aquel experto con la buena intención de preservar nuestro barniz de los roces, o de que no intimáramos mucho, para luego sufrir un poco menos al volver a nuestra ubicación de siempre, pues ya debía tener experiencias similares con los danzarines de otros cucos. 

Me basta una relación así, tan pulcra, tan platónica, tan imposible… pues esta carta, como entenderás, solo vive en mi fantasía, compacta de serrín y sin una sola neurona, o en la de algún escritorzuelo barato que se jacta de conocer mis entresijos y habla en primera persona, como si entendiera lo que siento y deseo. 

Ni siquiera sé si a ti también te ofreció, y si aceptaste o no, la potestad de creerte humana. 

Para unos bailarines de madera, vestidos de tiroleses, no hay otra forma más romántica de imaginar nuestro amor, o eso creo, que este sucedáneo. 

 

                                               

sábado, 22 de noviembre de 2025

GANADOR SEMANAL DEL CERTAMEN "RELATOS EN CADENA" DEL PROGRAMA "LA VENTANA" DE LA CADENA SER

XV Edición del concurso Relatos en Cadena de la Escuela de Escritores y la Cadena SER - IMG780

Mi microrrelato "PABLO Y NERUDA" ha resultado ganador de la semana 9 y por tanto aspira a competir con otros dos en la final mensual que se celebra el próximo lunes 24 de noviembre. 

Espero que os guste y os ruego que votéis por él antes de dicho día en el enlace siguiente: 

https://escueladeescritores.com/concursos/relatos-en-cadena/

Ganador semana 9: Pablo y Neruda

de Esteban Torres Sagra

El poema que él nunca terminó siempre acababa en la papelera de sus amantes. Quería ser original y despedirse con uno tras cada cita, pero las señoras no lo contrataban precisamente por sus rimas, ni aquello era amor, por muy romántico que fuese Pablo y se ganase la vida con “su métrica”.

Bajó el precio a doscientos ochenta euros sólo por devolverles un billete de veinte, con un verso de Neruda previamente manuscrito, al dar el cambio; pero ni así pudo compartir su gusto por la poesía: todas, sin excepción, se lo devolvían, sin leer, como propina, en la goma de sus calzoncillos.

sábado, 8 de noviembre de 2025

PRIMER PREMIO DE MICRORRELATO EN BURGOS




Me acaban de anunciar que mi microrrelato

"DON DE LENGUAS" 

ha sido proclamado ganador en el 

7ª certamen "CÍRCULO CREATIVO" 

convocado por la 

FUNDACIÓN CÍRCULO de Burgos. 

Informan también que el libro con los seleccionados ya está a la venta, habiendo concursado alrededor de 700 textos desde todas las partes del mundo.


DON DE LENGUAS

 

 

- Propongo que el monarca sea elegido cada cuatro años y que vayamos rotando las especies. Es lo más justo - dijo un cocodrilo que parecía republicano.
- ¡Mira tú, el lagartito de las narices…! -refunfuñó el león por lo bajini.
- Todos deberíamos ser vega…- no pudo completar la frase un antílope desde las fauces de un tigre, que se excusó por su instinto predador y pidió disculpas al rumiante.
Un chimpancé exigió la accesibilidad a los árboles para todos los monos impedidos en accidente laboral. 

Los hipopótamos, que la seguridad social costease universalmente balones gástricos y cursos de nutrición…

Los pingüinos que se revisara su condición de aves y que se les adscribiera al grupo mixto. 
Tras el quinto día, Dios contempló su obra y dijo: “¡Hala, ya estáis creados! ¡Haced vida salvaje!”. 

Y, mientras rompía el código que los ángeles juristas habían redactado con tanto esmero, pensó que sería bueno privarlos del habla.

 

lunes, 13 de octubre de 2025

PREMIO DE RELATO EN MONTEFRÍO

 

Mi relato "LAS NIÑAS TONTAS" ha sido distinguido con el premio de relato de este año en la categoría general. 
Enhorabuena al resto de los premiados y muchas gracias al jurado por su valoración de mi texto.

sábado, 26 de julio de 2025

NUEVO PREMIO DE POESÍA, AHORA EN SILES


Mi poema 

"PAN Y PARA DE CONTAR" 

ha sido distinguido con el segundo premio de poesía "RODRIGO MANRIQUE" 

de 2025 en Siles

domingo, 6 de julio de 2025

PREMIO EN EL MOLINO DE LA BELLA QUITERIA




Mi poema "CRÓNICA DESDE EL CASTILLO" ha resultado acreedor del segundo premio del certamen que anualmente convoca la familia García-Gaviria, propietaria del Molino de la Bella Quiteria, ubicado en Munera (Albacete) 

El próximo día 5 de julio es la entrega de premios y posterior merienda tradicional, con gachas manchegas, torreznos y cuerva típica, así como queso y roscos de la tierra. 


CRÓNICA DESDE EL CASTILLO.        

                                           Castillo de Montizón

                          1467. Se produce un tercer asedio en el que participa

                           el joven capitán Jorge Manrique. El castillo capitula.

                          Ya convertido en Comendador de Montizón, inicia

                           obras de reforma en él, trasladándose a vivir en él junto 

                           a  su esposa doña Guiomar de Meneses.                                                                                         

(www.campodemontiel.es)

 

 

Señor, aún le prestan las cornejas 

majestad con su vuelo a las cornisas,

traspasan los vencejos la cuesta 

inacabada con su vuelo raso

y hay azores esporádicos que buscan 

sustento a su linaje

tras alguna paloma enamorada 

que zurea por las inmediaciones

sobrevolando el último rastrojo. 

 

Un verde puño de hierba en fiel abrazo

estruja las entrañas del Castillo

y eleva sus cimientos como un cáliz

en ofrenda pagana

a dioses lisonjeros;

asoma más si cabe arquitectura

al escarpe del palco sobre el río

y en el alcor que lo cobija duerme 

un brochazo rosicler de pintura 

que se enciende tras cada primavera

y mancha de azafrán el voladizo.

No he visto avanzadillas de abedules,

surtidores en pinos centenarios 

de una sombra cuajada de frescuras;

no he visto en mucho tiempo cigüeñatos

surcando la calina de septiembre,

ni a su dama asomada a las almenas

- que no existen - espantando bandadas

de estorninos en álamos linderos.

No quedan del adarve y de la iglesia

más que breves reseñas en los libros,

del horno y del aljibe primigenios

un detalle de autores escribanos,

y de los treinta pesebres genuinos

que testimonian el abolengo de la saga,

halitosis de estiércol y cenizas

por el belfo esquilmado de los años

y un escombro ambulante de granzones

como único vestigio en la memoria.

 

Tapiza un pasto seco la albacara 

que cruje a cada paso y nos recuerda

los sonidos ingratos de la inquina:

la sed, el hambre, el reguero grana

que las armas exigen al vasallo

como precio por darse en las conquistas

a cambio de ganar una Encomienda.

Aún abrevan ovejas en el balde

del Guadalén cautivo,

reconvertido en foso de atalaya,

y mesnadas de anfibios cantautores

ensayan sus horrísonos conciertos 

al frescor del ribazo y los cañejes

apenas si adivinan el solsticio;

algún zorro se acerca cauteloso

a beberse el azogue de los charcos

mientras tizna el visillo de la aurora

en occidente su índiga acuarela

con la breve desmesura de un incendio,

y salpican estrellas con sus ganchas

el impoluto cielo del verano.

 

Yo intercedo ante el Todopoderoso

por la orgullosa estirpe manriqueña,

por la sangre, que se hizo escorrentía,

añadiendo caudal a los arroyos 

y privó del aliento a los soldados

sin degustar la miel de la victoria, 

con algún Padrenuestro balbuciente...

 

Y ya dejo, doña Guiomar, don Jorge, 

vagar tranquilas sus almas por los aposentos... 

pues respirando esta paz absoluta

que magnifica el campo montieleño,

para otro menester se me hizo tarde.

viernes, 30 de mayo de 2025

RECONOCIMIENTO EN PARADELA



Mi poema

 "ÚLTIMAS PALABRAS DE JOSEFINA MANRESA" 

ha sido merecedor a juicio del jurado del 

SEGUNDO PREMIO 

"MANUEL ORESTE RODRÍGUEZ LÓPEZ", 

en Paradela (Lugo)

Enhorabuena al resto de los premiados y gracias a la organización por este reconocimiento.

Espero que les guste


ÚLTIMAS PALABRAS DE JOSEFINA MANRESA

                    

 Miguel, aquí mi hombro, en fase de mórula,

para que siempre duerman a cobijo

las cabras juntas y tus versos todos

en la carne redonda de su curva;

para que el odio ciego de las cárceles venideras 

que, infame, cercena tus sueños,

vierta su veneno en la cuneta de mi axila 

y forme un río de ternura, hasta llegar al codo,

donde sumerjas tu frente de cebolla.

 

Aquí mi corazón, en fase trágica,

borbotón de la luz en Orihuela,

para que entierres cuitas en sus brotes

y puedas recorrer mis venas largas,

y tu sangre prolongue los caminos

que la vida te niega entre las sombras,

y se una con mi sangre de aceituna

hilvanando tu aliento al horizonte

en un renglón escrito con su tinta.

 

Aquí mis manos, en fase náufraga,

manivelas que Dios puso al alcance

de tu perito en lunas, asideros dulces

donde amainen los estertores de tu pena

y los toros negros entierren sus pezuñas negras 

en el surco de las libertades, 

donde se entrelacen tus dedos con mis dedos

en una encrucijada de condenas

que abracen a nuestros hijos en su cuna.

 

Aquí mi garganta, ahíta de parásitos

que proclaman las verdades del duelo,

la que nunca se cansará de amarte,

recién encalada para ti, para una nana

tierna o para una lluvia de sonetos

en los que el luto diga lo que sientes,

para que consigas vibrar en ella

los tétricos silencios que incardinas en los ojos, 

que ni la muerte podrá cerrarte.

 

Aquí mi nombre, con sabor a tierra,

con vientos del pueblo en sus ladridos,

el que inventas cada vez que lo pronuncias

si dices “Josefina” muy despacio

entre la soledad de tus barrotes, 

para que te aferres a él como a un brillo 

de luciérnaga que ilumine el cielo

y te guíe otra vez a las palabras,

restituyendo en ellas tu memoria.

 

Aquí mi alma, hoja en blanco,

como la sierra que me vio nacer

en mi Quesada humilde,

lienzo donde pintar las ilusiones,

página dedicada a los valientes

que te regalo a cuenta de tus lápices

para que la obres con palabras nuevas,

las palabras que yo vendiendo iré,

junto a los vestigios de nuestra historia,  

en los días de viuda que me resten.

 

 

 

domingo, 11 de mayo de 2025

PREMIO "YOLANDA SÁENZ DE TEJADA" EN EL BONILLO

 

Bases XIV certamen internacional poesía Yolanda saenz de tejada 2025 EL  BONILLO

Mi poema "CICATRICES" ha sido galardonado con el segundo premio del certamen de este año.

Espero que os guste:

Sus rúbricas son siempre cicatrices

sobre el blando papel de mi epidermis,

deletéreo aluminio que tatúa, 

sin ningún argumento razonable,

sin que yo oponga resistencia,

sus huellas estentóreas en mi nieve.

 

Si viene con el brío generoso

(generosamente ebrio)

además me amorata la autoestima

(y el pecho, y la garganta, y la cintura)

cuando piensa en mi débil entelequia

como en un juguete roto

a disposición de su albedrío.

 

Y continúa odiándose en silencio,

y, como casi siempre que se odia,

golpea mis vísceras sin causa

para amargarme la vida lentamente

entre gritos en fuga que se mezclan

con líquidos sonámbulos.

 

Su excusa perfecta son los celos:

la obsesión por poseerme hasta la médula

y la incongruencia de quererme con locura

enturbian su sentido -según me vocifera-

como banda sonora de su furia

cuando da rienda suelta a su violencia

y me agrede con saña troglodita.

 

Su teatro preferido es nuestra sala

y su público dilecto nuestros hijos.

 

Si me arreglo me insulta con vocablos

la fiebre que calienta su garganta,

y a pasos de gigante se agiganta,

y sus manos se vuelven manicomios

de garras y puños gananciales.   

 

Si no me arreglo me reprocha,

en su lenguaje de golpes sin sentido

bajo el amortiguador de alguna almohada,

soeces vocablos de insolencia en frases 

que no pueden repetirse sin oprobio.

 

Me siento involuntario pergamino 

abierto a su prosodia,

a su impulso banal y sustantivo,

ciega amargura de una infancia triste

escrita con tinta, roja o blanca:

sangre cuando dice que me odia

y esperma cuando dice que me ama;

que nunca distingue una, en su ignorancia, 

con la boca reclusa entre cojines,

si entre ambos existen diferencias.