EL SALVADOR

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Plaza Vázquez de Molina

lunes, 15 de octubre de 2018

MENCIÓN DE HONOR - MICRORRELATO


· Liliana Mecchia y Román Ksybala, premios del I Certamen de Microrrelatos 'Simionema'


La asesoría narrativa Simionema acaba de publicar el fallo de su I Certamen Internacional de Microrrelatos. Entre los diez relatos finalistas (v. Noticias Pl.com 02/10/18), el resultado final es el siguiente:

CUENTO GANADOR DEL PREMIO DEL JURADO (500 €)
Título: INSENSATO
Autora: Liliana Marina Mecchia
Seudónimo: Alfa
"Su padre le advirtió tantas veces del valor de la palabra, que el niño no respondía a menos que se le pagara."

CUENTO GANADOR DEL VOTO DEL PÚBLICO (150 €)
Título: EL ANHELO INSATISFECHO DEL VIZCONDE
Autor: Román Ignacio Ksybala
Seudónimo: Gez Mots Sitad
"Eran los últimos momentos del vizconde, y nos congregamos en torno a su lecho de muerte, todos afligidos por esa expresión de sufrimiento. Porque su rostro denotaba algo como un deseo insatisfecho, una urgencia no atendida.
Entonces estalló el trueno: el vizconde lanzó una pavorosa flatulencia que sacudió el recinto y asustó a los perros. Los desmayos hicieron que el presbítero se abalanzara a encender una vela, pero fue un error: hubo un relámpago, una llamarada que se propagó desde su fósforo hasta la cama, y el anciano detonó con un sordo búmpf.
El estetoscopio confirmó que el vizconde había fallecido. Su rostro, no obstante, se veía plácido ahora."

Dada la alta calidad de los microrrelatos recibidos, el jurado ha decidido otorgar las siguientes menciones especiales.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO
TÍTULO: A GRANDES MALES
Autor: Esteban Torres Sagra
Seudónimo: Bámbola
"Soy un hombre acostumbrado a conseguir mis metas. Todas menos concebir. Por eso adopté un abogado recién nacido. Pronto comenzó a ganarse unos cuartos resolviendo consultas en el trastero. Sabía cómo saltarse la legislación y de cada rebanada que conseguía desvincular de las arcas públicas se llevaba unas migajas cada vez más suculentas. Así se costeó la carrera de Derecho. Todos felices hasta que relacionó su nacimiento con una monja del telediario y comenzó a atar cabos sobre fechas y parecidos. Me acaba de poner una demanda por haberle ocultado la verdad y, conociéndole, mucho me temo que acabará siendo mi ruina… Eso si mi segundo hijo, Dimitri, comprado a la mafia rusa cinco años después, no se saca pronto el permiso de armas."

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO
TÍTULO: DONNIE
Autor: Diego Miguel Alba
Seudónimo: Ortiga
"—¿Y qué tan alto va a querer el muro, patrón?
—Tú le sigues para arriba mientras haya ladrillos. Ya después le pondremos alambre de púas por encima.
—Y después si quiere lo emprolijamos de adentro..
—No, no, no, tú te quedas de ese lado…"

(15/10/18) 

jueves, 4 de octubre de 2018

CUANDO LLEGA OCTUBRE

CUANDO LLEGA OCTUBRE



Algunos días, cuando llega octubre,

ataurique me decora la garganta

y huelo a estuco por todas las porosidades

que mi cuerpo pétreo ofrece a la intemperie,

desafiando a la lija,

que es mi molde,

el orgullo duro de mi piel autista

en su empeño loco de linajes raros.



Llueve caliza sobre el lápiz,

que siempre es la punta del alma del poeta;

diluvian dinosaurios blanquecinos

por las alamedas tristes

y no se conforma la materia con oír

las propias sinfonías de las noches inspiradas:

remite sin motivo a armarios espurios

donde guarda cada hombre sus consignas,

sus lágrimas felices

como reliquias del tiempo.



Y urge operarse de la Ética,

hurgar en el fondo oscuro de los pensamientos,

adorar al becerro de oro

a cambio de las siete palabras mágicas

que conformen un bosque azul donde perderse.


Rezuma, casi siempre, por los poros la melancolía,

y abre sus pasajes comerciales llenos de fotos

y tiendas de recuerdos,

y por eso es inevitable, muchas veces,

fallar a la memoria,

porque suele ser octubre

y caer hojas sobre los charcos de cieno y los desvanes,

y hacerse putrefactas con el paso de los meses,

y levantar una muralla que se desmorona

cuando está creada,

sembrando cimientos y escombros por doquiera,

nublando el iris con polvo sucio

de yeso y arenilla.



Y se extiende por el mapa

un musgo verde que invade las regiones,

y sólo brotan, etéreas, de los dedos,

hormigas azulonas como letras,

y los arlequines lloran en los rincones

de las niñas pánfilas

porque han perdido el color de la risa.



En esos días se expiden poemas

con lenguaje burocrático

en las ventanillas de los ministerios:

todos los funcionarios se sienten

tenuemente reverdecidos bajo estas frondas

de hojas caducas;

jardín de cristaleras y urnas el suyo,

pasquines y octavillas en blanco

colgando de los sauces más llorones.



Los días de otoño son ideales para morirse

o para escribir que

"los días de otoño son ideales para morirse".


 

POEMA SOBRE EL OTOÑO


SAN LORENZO


Dios creó el otoño,
y creó los árboles caducos para volver a cubrir
el suelo de la acera,
cada octubre,
con baldosas nuevas y distintas,
amarillas casi.

Y creó los palacios oscuros
donde la humedad de la estación
se instala en los salones,
aunque lo más espléndido resulta
pasear por el jardín
cuando atardece,
lo más grandioso hacer itinerarios de otros siglos,
repetir veredas de monarcas,
pisar las biznietas de las hojas que sus pies hollaron,
grabar algún nombre en sus troncos viejos,
carcomidos;
atravesar los riachuelos
sin mojarse los pies en alabastro
o descubrir alguna ardilla en la enramada
con los labios pintados de grosella.

miércoles, 3 de octubre de 2018

PRIMER PREMIO DE RELATO

Mi relato
"TRES MISTERIOS DOLOROSOS Y UNO DE GLORIA" se ha alzado con el primer premio del CARMEN DE MICHELENA
en Beas de Segura (Jaén)


sábado, 18 de agosto de 2018

TERCERO EN CERTAMEN DE RELATO VILLA DE SORIHUELA

Ayer por la noche se celebró el acto de entrega de premios en "VILLA DE SORIHUELA" en el que mi relato "SORIHUELA, SU PUEBLO Y EL MÍO" que más abajo reproduzco mereció a juicio del jurado el tercer premio, dotado con 150 euros, diploma y publicación junto a los diez finalistas seleccionados. Espero que os guste.

Los relatos debían estar ambientados en Sorihuela y mencionar a Alejandro Cintas, compositor y cantaor de la localidad fallecido en 2017 y conocido artísticamente como "El Niño de Orihuela". Entre sus obras más conocidas "El carro" (Manolo Escobar), "Torito guapo" (El Fary) o "Torre de Arena" (Marifé de Triana)


EN SORIHUELA, SU PUEBLO Y EL MÍO…

Don Leopoldo era un vejete dicharachero y sabio que se hacía querer por toda la chiquillería con sus cosas y con su cariño. Amante de los teatrillos y las canciones, a las que acompañaba con una vieja guitarra curtida en mil batallas y francachelas, cuando aún faltaba mes y medio para las vacaciones de Navidad, o para Santa Quiteria, para Santa Águeda, o para San Isidro, o para el verano, ya estaba tramando alguna función sorpresa, alguna puesta en escena original, y se le notaba como si un borbotón de alegría, un torrente de juventud, se le derramase por los ojos a la par que iba alumbrando en su interior la letra de algún tanguillo o el diálogo inteligente de un entremés costumbrista, lo mismo daba. Y si no era capaz por sí solo de enjaretar las rimas que pretendía porque había veces que la inspiración le abandonaba, se iba a Teléfonos y solicitaba de inmediato una conferencia con su buen amigo Alejandro, Alejandro Cintas, siempre de gira por media España. Al cabo de diez o doce días llegaba una carta con un remite inesperado desde cualquier rincón de la geografía peninsular bajo el apodo de “El Niño de Orihuela”, como le bautizara artísticamente su mentor raptando una “s” al verdadero nombre de nuestro pueblo, seguramente en aras de sacar partido a la popularidad del oriolano más universal, muerto en el fraticidio o, tal vez, por un fallo de imprenta. Me acuerdo aquel año en el que, para la romería, don Leopoldo abrió la misiva de su viejo amigo delante de nosotros y comenzó a tararear algo sobre un carro que la habían robado de noche cuando dormía.
Eran otros tiempos, por eso lo que ahora nos puede extrañar sobremanera y no estaría permitido bajo ningún concepto por esa manía moderna de estabular las cuestiones y dosificarlas, antes se veía con naturalidad. No nos sorprendía en absoluto que alguien irrumpiera en mitad de una clase, como la cosa más normal del mundo, mientras don Leopoldo hablaba de geometría, o sobre los ríos de la vertiente atlántica, o enumeraba las provincias de Castilla La Vieja, o señalaba en un mapa físico dónde se inició la Reconquista… El del pueblo se adentraba bajo mil ademanes de disculpa, apretando la gorra entre los pulpejos y luciendo una calva reluciente, y casi no conseguía ni articular: “¿Se, se, se puede…?”, tal era su azoramiento, por lo que abría de un portazo y se iba derecho al maestro a preguntar alguna duda de particiones, o de leyes regidas por el derecho consuetudinario o a inquirir sobre el papeleo a recabar para llevar a cabo cualquier trámite en la capital, antes de coger la Alsina y descubrir tardíamente la falta de algún legajoDon Leopoldo siempre actuaba ante ellos de la misma forma, afectado más por la vergüenza ajena que le provocaba el comportamiento de sus exalumnos, que en sí por la interrupción; eso se le notaba en sus mofletillos rojos, que se incendiaban como dos cerezas a punto de arder, antes de recetarle su sentencia.
Yo quería ser maestro para saber tanto como don Leopoldo y por eso encaucé mis ganas y mis aptitudes en la consecución del logro. Me empleé más de lo que en justicia necesitaba para sacar los cursos de la EGB brillantemente y convertirme así en su ojito derecho. Yo era el encargado de rezar al comenzar las clases, de regar las dos macetas de aspidistras que flanqueaban la tarima  y de alimentar la estufa con tacos de leña las mañanas de invierno, todo un lujo que provocaba la envidia de mis compañeros. Sacaba las mejores notas cada trimestre y me ganaba todos los caramelos que a modo de obsequio repartía algunas tardes don Leopoldo, y eso que a veces el que me correspondía no me lo daba a mí y me decía: “Luisillo, está bien que estudies, pero es que con tanto dulce se te picarán las muelas…” y la golosina volaba sobre mi cabeza hacia un bosque de manos atrapalotodo. Si el maestro pedía voluntarios yo me ofrecía el primero, lo cual me servía de estrategia algunas veces para no salir a la pizarra, pues cuando no me enteraba bien de la pregunta o, aun enterándome, no conocía la respuesta, con este truco evitaba que dijera: “¡Luis, a la palestra…!” ya que al ser tan asiduo -y reconozco que pesado- por no verme a mí siempre en el candelero refunfuñaba: “¡Mmmmm…tú ya has salido muchas veces…! por lo que una risilla de satisfacción interior, sin que se me notara por fuera, me recorría el cuerpo y el alma. En la mayoría de las ocasiones sí me daba mucha rabia no tener la oportunidad de lucirme en el encerado, sobre todo si había invertido la tarde anterior en estudiar a fondo la asignatura o me había costado lo indecible solucionar algún problema, en vez de ir a la era a jugar al fútbol con los demás niños, rular el aro por las cuestas del pueblo, hacer girar la trompa en los aledaños del Torreón o las miles juguescas que emprendíamos a partir de las cinco de la tarde y hasta que anochecía las cuadrillas de zagales, diseminados por las plazas y las calles de Sorihuela. 
Los compañeros me preguntaban –como a un pequeño don Leopoldo- a poco que se descuidaba el maestro, los resultados de los ejercicios. Muchos los copiaban de mi libreta directamente sin ningún pudor. Yo solía hacerme el despistado y si solicitaban más información me enfrascaba en todo lujo de explicaciones, que me harían parecer un pedante vanidoso  a sus ojos infantiles, ahora me doy cuenta.
Si venía –solamente ocurrió tres veces en toda mi escolaridad- el Señor Inspector de la zona desde Jaén, con su barba caprina y canosa, siempre el mismo, don Nicanor, con su mismo maletín raído y un aire de no pertenecer a este mundo, don Leopoldo hacía algunas preguntas generales y luego, como al azar, me señalaba a mí para contestarlas. Decía: “¡Vamos a ver…para demostrarle a don Nicanor los últimos progresos culturales de estos alumnos míos, quiero que alguien conteste, con suma concisión, a esta pregunta… Veamos…¿alguien me puede enumerar por orden cronológico el nombre de los reyes que reinaron –valga la redundancia- en España con la Casa de Austria hasta que llegaron los Borbones…?” y después se extendía en una perorata que nadie entendíamos, ni siquiera el ilustre visitante, que se limitaba a mostrar una hilera amarilla de dientes imperfectos a modo de sonrisa, sobre la grandeza de nuestro imperio y, finalmente, añadía, como dejando en manos de la casualidad lo que él tenía en las suyas…: “¡Por ejemplo, por ejemplo…tú Luisillo!” Y yo me levantaba tranquilamente, con parsimonia, parodiando una extrañeza inexistente y un nerviosismo exagerado, y enviaba una leve reverencia hacia el estrado antes de contestar: “Los Austrias: Carlos Primero de España y Quinto de Alemania, fue el primero, su hijo Felipe Segundo el segundo y después de ellos los monarcas…los monarcas…” yo recitaba con un retintín de insolencia y repetía varias veces “los monarcas” sólo por observar la cara de circunstancias de don Leopoldo, pero pronto me daban una pena infinita sus ojillos asustados detrás de los quevedos y proseguía de carrerilla: “Felipe Tercero y Felipe Cuarto fueron el tercero y el cuarto, y el último Carlos Segundo, a quien la Historia conoce como “EL Hechizado”, que firmó en su testamento al primer Borbón como sucesor suyo, a Felipe de “Anjú” y aquí me reprendía livianamente: “Anjú, no. Se dice “Anyú” y se escribe Anjou.” Y volvía de nuevo la luz a sus pupilas, y en su frente las arrugas se alisaban como por magia y sólo quedaban pequeñas sombras difuminadas en sus lugares. Entonces, orgulloso de mí, daba gracias a Santa Águeda con las manos cruzadas sobre el pecho, mirando a las alturas, y me mandaba sentar con un gesto desmayado de barbilla, mientras se deshacía en elogios conmigo y por extensión, con toda la clase.
Cuando acabé la primaria y el bachillerato marché a Sevilla con la bendición de don Leopoldo, que me auguraba un brillante porvenir como ingeniero, pues argumentaba que con maestros como él que duran tanto y que cobran tan poco, para que más. Porque en el fondo nunca asumió de buen grado mi vocación docente. Él seguramente quería que yo realizara su sueño etéreo de proyectar puentes y canales sobre los campos sedientos de Castilla La Vieja o sobre los cultivos de la región murciana, de donde eran sus padres, o sobre el mismísimo Guadalimar… pero yo, erre que erre, cumplí con aquella aseveración de mi infancia cuando venían las visitas a casa y preguntaban qué iba a ser de mayor y yo les auguraba que maestro, maestro de primeras letras, maestro como don Leopoldo.
La escuela de mis anhelos se concreta en esta aula, con sus tres bombillas colganderas del techo que desmoronan una luz burlona y grisácea con el polvo, ejerciendo en el mismo colegio en el que yo me eduqué, en el mismo pueblo en el que soy feliz, a orillas de una sierra preciosa. Alejado de todos los sitios por una carretera llena de curvas y badenes. 
Afuera llueve torrencialmente hoy. El agua es tan voraz y cae con tanta fuerza que amenaza con descarnar la arena del patio y dejar al descubierto el empedrado. Soy el maestro de un quinto curso de rufianes a los que intento culturizar. Ahora están estudiando una lección que habla de otros ancestros, allá, en Asturias, en Covadonga… “con don Pelayo comienza, en la cordillera Cantábrica, en el mismo Santuario de Covadonga, la Reconquista…” me parece estar oyendo la retórica de don Leopoldo. Y mirando por encima de mis gafas a los querubes me reconozco entre ellos, atisbo los mismos trucos del listillo de la clase cuando alza la mano sin saber lo que pregunto, seguro estoy, para que no le diga “¡Pedrín, a la palestra!” y cuando venga el inspector de zona, que viene poco, le preguntaré aquello de los Austrias y buscaré, como al azar, al pitagorín de turno, a Pedrito, que verá en mis ojos, tras las gafas, una pena infinita cuando tararee la respuesta y haga como que duda, porque al instante arrancará de nuevo su retahíla y ya no parará más, hasta que diga lo de “Anjú” y yo le reprenda livianamente, como conmigo hacía don Leopoldo.
                                            FIN




viernes, 17 de agosto de 2018

PREMIO DE POESÍA EN RIÓPAR


El Ayuntamiento de Riópar (Albacete) nos comunica el fallo de su XLIV Certamen Literario, emitido ayer por el jurado y del que hoy han sido informados los ganadores. Las obras premiadas y sus autores son:

VERSO
1er premio (100 €): 'Alijo vital'. Autor: Esteban Torres Sagra

• 2º premio (75 €): 'Abatido'. Autor: Emiliano Pérez García

PROSA
• 1er premio (100 €): 'Regreso a Riópar'. Autor: José Luis Tudela Camacho

• 2º premio (75 €): 'Un viaje para el recuerdo'. Autor: José Luís Frías López

El acto de entrega de premios tendrá lugar el próximo sábado 25 de agosto.


(17/08/18) 

MENCION ESPECIAL DE POESIA


ASOCIACION DIEGO DE LOSADA., 16 ago. 14:01 (hace 21 horas)

para yo
A
16 de Agosto de 2018
Estimado amigo. 
Como no estabe prevista la entrega de una Mención Especial, 
hemos encargado ya la placa. 
Así que calculamos a final de mes o primeros de septiembre 
le haremos llegar un lote de libros y la citada placa al domicilio
que nos viene indicado en la plica de la poesía. 
Habitualmente es un primer premio y el accésit, pero este año
los tres poemas quedaron muy igualados de puntuación 
y el Jurado consideró necesario conceder esta mención. 

Disculpe este retraso. Reciba un cordial saludo

EUSEBIO RODRIGUEZ, Portavoz. 

jueves, 16 de agosto de 2018

PRIMER PREMIO DE POESÍA EN RENEDO DE ESGUEVA


Renedo, 16 de agosto de 2018.- Una vez reunidos el jurado del concurso de poesía y evaluadas todas las obras poéticas presentadas por los concursantes, esta ha sido la resolución:

martes, 14 de agosto de 2018

PREMIO DE POESÍA EN OSSA DE MONTIEL

Un honor acudir al paraje de la Cueva de Montesinos y Castillo de Rochafrida, en Ossa de Montiel, para recibir el primer premio de poesía "CASTILLO DE ROCHAFRIDA" por mi poema titulado "IGUAL QUE SIEMPRE" y que reproduzco a continuación.

 
IGUAL QUE SIEMPRE           
 
Juntos descubrimos lo deprisa que pasan los años,
a su naturaleza fieles;
que el amor se aquilata con el tiempo
y hunde hasta los tuétanos su esencia deliciosa,
aunque a veces nos haga daño al abrirse camino:
difícil debe ser atravesar con sus cuchillas
tanto estorbo
-sí, el amor verdadero duele mucho-:
sembrar madreselvas lluviosas
por los montes en llamas, duele;
y urdir compromisos con letra de tango
que solo necesiten escribirse en el vaho de un espejo
porque nunca obligan o imponen cláusulas
por las que debamos sentir lo mismo que antes,
cuando los dos sabemos que amar es otra cosa.
 
Desde que te conocí se van cayendo
las hojas de mi soledad sin hacer ruido
y dejan este árbol desnudo,
sin ramas donde el miedo
-ese monstruo sin forma que genera las dudas-
pueda esconderse esperando un descuido
y hacernos creer que lo nuestro se consume.
 
Siempre me obligo -en los aniversarios-
a prometerte imposibles, que casi nunca cumplo,
cuando te renuevo al oído mis promesas
cogiéndote la mano en una esquina
y contemplando en el cristal de un escaparate
tus dos bellezas, cada vez más una.
 
Las palabras rondan el crepúsculo
como bandadas de pájaros que se derriten
en el asador de la tarde con desidia,
mientras juntamos los labios en un brindis simbólico
y hacemos que se pare un transeúnte
a llamarnos la atención
por el alarde de un amor que no comprende,
por el beso sonoro
que es la aldaba de su envidia:
yo, entonces, me sonrojo y me limpio el carmín
con el dorso de la mano;
tú, en cambio, pones cara de traviesa,
como si rompieras un plato cada tarde,
y desmontas su rubor con tu sonrisa.
 
 
 
 
 
 

domingo, 5 de agosto de 2018

PREMIO DE POESÍA EN BOCA DE HUÉRGANO

Mi poema "TRÓPICO DE CÁNCER", que más abajo reproduzco, ha sido merecedor del segundo premio de poesía organizado por el Ayuntamiento de Boca de Huérgano (León). 
He tenido la fortuna de conocer a don José María Rodríguez, ganador del primer premio, y a su esposa, Marichu. Detalles como este inicio de amistad hacen inolvidables algunos actos de entrega de premio, aunque no siempre se prodigan.  
Trópico de Cáncer 
I
 

A mi duermevela le crecen juncos
en esta habitación con vistas a un aparcamiento.
Y una pleamar de electrones en cada uno de mis párpados
intenta comerse sus manzanas podridas
cada vez que espanto a los mirlos de tus sienes.
Un abalorio hecho con gomas y puntos suspensivos
-negros, como tus pupilas-
se relevan en el arte de estirar tu sonrisa por el páramo.
Se oye un tranvía sin bautizar por los alféizares de mi agonía
y unas manos que lo frenan,
y un chillido de gaviotas sin cabeza en la estación de la fiebre.

Yo te observo como a un paisaje hecho para mi disfrute
en esta sala sin cortinas, sin espejos;
desde un reportaje filmado con luz artificial
sobre el interior de tu escote minúsculo
por algún ganglio centinela que se duerme
en los aledaños de tu axila.

Yo miro con mi ojo pirata a medio abrir y lo vigilo todo.
No me fío de los escáneres. No me fío del éter.
Inspiro cada átomo de aire antes que tú lo respires.
Antes que tú alecciono las vías en mis brazos
para enseñar a las agujas lo delicados
que pueden llegar a ser tus capilares.


II

Espero que te roce con su aura un ángel color púrpura,
y que te unja con su aliento de espíritu invencible,
capaz de enmendar los presagios agoreros
que se escriben a lápiz en los márgenes de un síntoma
y enturbian tu mirada desde el último análisis.

Deseo que el plasma enderece su rumbo en los mapas celulares
y salve el arrecife que se avista desde el ático,
que se quede vacío el aparcamiento que veo desde la ventana
y que la evidencia clara deje de ser una clarividencia
a los ojos prosaicos de los hermeneutas
que manejan las coordenadas de cada imponderable.

Mientras tanto, mi desvelo se traduce en la templanza
que reflejan estos versos para gastar el insomnio
con su tiza de colores delicados,
en esta desazón que me quema el intestino
y me hace llorar con la impotencia del marinero
al que el mar vuelca su barco en lontananza.

No quiero oír más esa palabra masculina que me suena a trópico
seguida por el nombre de una parte de tu cuerpo tan precisa,
pignorar mi miedo en los mercados de la resignación,
desentrañar los tecnicismos que le sirven de cohorte
a ese protocolo inclemente que arrea su caballo
por hipódromos empapelados con lienzos de radiografías.

Esta madrugada huelo el zumo de los astros vertido en los arrabales
e interrogo al infinito sobre la probabilidad de las margaritas
cuando les preguntas idioteces.

Adjudico a cada estrella la ley del albedrío
y lo apuesto todo al número de tu carnet
sobre la mesa del quirófano,
y grito por qué algunas mitocondrias
desobedecen las reglas grabadas a fuego en los genes
y te llevan en volandas por la senda del cansancio.
Y quiero ponerle al miedo todos los nombres que suscita,
ponerle un candado en cada página, un menhir
para que no levante nunca su vuelo atroz estando tú presente.

Clavo interjecciones a todos sus sinónimos
como alfileres a las mariposas que coleccionaba;
corto sus huidas,
le impido los atajos con caricias templadas,
aviso a los trapecistas del rescate
para que te extraigan diligentes de cada sobredosis,
azuzo los mecanismos de la espera
para que jueguen con nosotros a las siemprevivas
y levanto una coraza de sonrisas meridianas
cada vez que una mueca dibuja un croquis en tus labios quebradizos.

Juro acelerar el tiempo de la lucha y de la entrega
cuando la victoria signifique un nacimiento eterno,
otro nacimiento que nos haga querernos con más ímpetu, mejores,
sin treguas, sin rutinas ni menudencias que lo mengüen nunca.

Prometo comprarte, comprarme, comprarnos
unas alas nuevas para remontar juntos el vuelo

en cuanto salgamos triunfales de la última terapia.
 







miércoles, 25 de julio de 2018

PRIMER PREMIO DE MICRORRELATO EN BREÑA BAJA

Mi microrrelato "TRENDING TOPIC" ha sido merecedor del PRIMER PREMIO "BREÑA BAJA MÁGICA" en el municipio de la isla de La Palma. A continuación transcribo la noticia:


Esteban Torres Sagra, natural de Jaén, ha ganado el III Concurso de Microrrelato Breña Baja Mágica con el microrrelato 'Trending Topic'. El ganador se lleva un premio de 400 euros. 
Nos hemos reunido en la Plaza de Las Madres de Breña Baja para entregar este premio que viene a recordarnos cómo la literatura, además de emocionarnos, también nos narra la vida. 
Muchas gracias al Ayuntamiento de Breña Baja por apostar un año más por la literatura y por el microrrelato dando prestigio al municipio con una cita que inspira a propios y extraños para regalarnos la magia de la creatividad. 
El propio ganador envió su agradecimiento a través de un vídeo que se proyectó en el acto y Ana Vidal leyó también el microrrelato regalándonos un inolvidable momento de lectura a viva voz. 
En esta ocasión, he tenido el placer de formar parte del jurado junto con las escritoras Ana VidalBelén Lorenzo y la escritora y periodista Eugenia Paiz Lorenzo, Julio Marante, cronista oficial de Breña Baja, el músico y poeta Héctor José Rodríguez Riverol y María Milagros Díaz de la Cruz, como representante del Ayuntamiento de Breña Baja. Evelia Cabrera Millán, también de la corporación municipal, ejerció de secretaria del jurado y leyó el veredicto.


TRENDING TOPIC


Sí, yo era tu regalo… yo y un ramo rojo como único vestido. Había adelantado mi vuelo. Pulsé, tapando con las flores la mirilla. Pero las sorpresas tienen ese punto trágico a veces. Se ve que no estabas y allí permanecí, sintiéndome cada vez más ridícula por la ocurrencia. Con una cartera o un cinturón hubiese quedado de fábula. Sin haber decidido qué hacer, oí el ascensor pararse a la altura de tu apartamento. Subí con rapidez las escaleras hasta el descansillo siguiente -con las flores y la maleta-. Erais tú y esa nueva compañera tuya. Entre risas y jadeos os fuisteis devorando antes de llegar a la puerta. Alguien que bajaba me fotografió y ahora soy trending topic. Fíjate: yo, que creí que jamás marcaría tendencia en nada, he puesto de moda el desnudo para celebrar los cumpleaños.