IGLESIA DE SAN PABLO DE ÚBEDA

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Iglesia de San Pablo (ÚBEDA)

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lunes, 10 de agosto de 2026

PREMIO DE POESÍA "CASTILLO DE ROCHAFRIDA"

 

XXVII Edición del Certamen Literario de Ossa de Montiel, con el Certamen poético “Castillo de Rochafrida” y el Concurso de relato corto “Cueva de Montesinos” - Libripedia
MI POEMA 
"MUJER CANSADA" 
HA SIDO DISTINGUIDO CON EL PREMIO "CASTILLO DE ROCHAFRIDA" 2026
EN LA LOCALIDAD ALBACETEÑA 
DE OSSA DE MONTIEL 

MUJER CANSADA

                                                       

                                                                                    

 

Pez de oro. O de cristal. O nácar.

Pez colgado en la pestaña de una mujer triste

cuando la bajamar apea de su seno 

el perfil de un hijo trashumante,

y apaga sus sueños con cristales sucios

tras muchos años de sacrificio a solas 

saliendo desfavorecida en los recordatorios.

 

A la sombra de una hache, pez de sílice, 

duerme deconstruida y sola.

Pero no sin antes fumarse el dolor en intensos bucles

cuando los pájaros se acuestan en su párpado roto

y abandona cualquier disidencia coherente

por un poco de armonía que atraiga el recuerdo

a su sueño inquietante,

porque lleva sin descanso doscientas marejadas,

rompiendo con sus dedos bailables las tuercas de la noche,

enseñando el cielo de la boca a cualquier estornino

que se asome a sus labios para pedirle socorro.

Ha perdido el pez que colgaba en sus ojos.

Lo ha perdido irremediablemente. 

Y está cansada para buscarlo por la alfombra.

Un pétalo de su lengua se marchita

al servicio de las ráfagas y las tormentas.

No puede esconder el invierno 

desde que la echaron de una alcoba fría

y ya no supo volver a los hábitos que amaba,

a las golondrinas de unas manos debutantes

en el arte de querer a una mujer sensible,

al sol veinteañero de unos muslos en ascuas, 

al abismo de una gruta erosiva del que nadie vuelve

a contar los pormenores, ni los daños fungibles, 

el precio injusto de la entrada, 

la longitud de la soga en la que cuelga un crimen, 

la íntima profundidad desconocida por los algoritmos

que mandan en el hueco de las escaleras,

el peaje que se abona por desandar 

el camino hacia el puerto de la adolescencia

cuando todo era del color de las orquídeas.

 

Pez de nácar. O de oro. O cristal. Da lo mismo.

Pez colgado en la tristeza de una mujer sin grietas

cuando la pleamar acoge en su seno 

la lejanía de un hijo pródigo

y enciende sus sueños con rosales 

que dan lágrimas y flores. 

Mujer sola. Mujer cansada. 

Mujer que cambiaría todos los peces del mundo

por el abrazo de un niño.